domingo, 12 de febrero de 2012








FACEBOOK XIX


De haber vivido en este siglo Oscar Wilde, Federico Nietzsche y Mark Twain –éste le llevaba nueve años al alemán; quien tenía una década más que el irlandés-, ¿hubiesen hecho uso cotidiano, tendrían página personal en facebook?
Imaginémoslos, para empezar, con una gramática perfecta, revolucionando poco a poco –como todo genio- la calidad en las redes sociales de la web; al menos en lo que respecta a ortografía, puntuación y sintaxis.
De esta manera, acaso el internet sería hoy un recurso selecto, donde no cualquier papanatas podría ejercer ese famoso “derecho de expresión”, cuando ni siquiera saben expresarse.
Pensemos que fue verdad. En seguida un fragmento de lo que escribieron ayer los célebres literatos:

WILDE: … Ahora que tocan el tema de la iglesia, ¿creen que Cristo tuvo alguna vez un amigo?

NIETZSCHE: Lo dudo profundamente.

TWAIN: En todo caso, no por falta de méritos de Él, don Zaratustra.

WILDE: Más bien, falta de comprensión profunda por parte de los demás.

TWAIN: Aquel hombre hubiera querido confiar en alguien; pero lo consideraban como un posible camarada fuera de su alcance. O lo que es lo mismo: digno de ser traicionado.

NIETZSCHE: Dios bien sabía que el humano no iba a dar mucho de sí.

WILDE: ¡Oh! ¡El hereje acaba de declarar que Dios existe!   J
(A Mark Twain le gusta esto).

TWAIN: Por eso creó al perro.

WILDE: ¿Por qué? ¿Para terminar con los incrédulos? Ja, ja, ja.

TWAIN: ¡No, tonto! Me refiero a que Dios hizo al perro al deducir que, tarde o temprano, la mente humana iba a caer en la monotonía.

NIETZSCHE: Y en la negación de todo. Hasta de sí mismo, por causa-efecto de sus breves límites.

TWAIN: Exacto.

WILDE: ¿Y?

TWAIN: Pues nada, que un perro es feliz, satisfecho de por vida con cualquier rutina impuesta por su amo.

WILDE: Yo los amaría, si aprendieran a recoger sus desechos… ¡Asco!   L

TWAIN: En cambio, yo estoy dispuesto a amasar toda la caca de los perros del Misisipi, si recuperase el tiempo que perdí al lado de uno que otro imbécil, lejos de mi querido río.

NIETZSCHE: Sé realista, bigotudo de mierda. ¿Qué opción te quedaba? ¿Haberlo ganado en compañía de otros imbéciles?
(A Oscar Wilde le gusta esto).

WILDE: ¡Ja! Oye Fred, así como te enoja leer aforismos de otros, que te habría gustado escribir a ti, a mí me hubiese encantado incluir éste, tu último, en mi Dorian Gray. Quedaría perfecto.

NIETZSCHE: Oscar, sabes que no me importa lo que la gente haga o deje de hacer; tomando en cuenta lo que hace, pero sobre todo lo que deja de hacer.

TWAIN: Haz a un lado el pesimismo, querido Fred. Además, tu bigote siempre ha sido más patético que el mío. Yo no me hago fotografiar de perfil para que Ratzinger haga rabietas. Si sabes lo que tu compatriota piensa de ti, ¡no lo sigas provocando, por Dios! Je, je, je.

WILDE: Abreviemos, muchachos, que entre el excremento de un can y el tiempo perdido, se me ocurre que hay algo rescatable. Los invito a reflexionar sobre esto: Dense cuenta que, por primera vez, se está rompiendo el paradigma de las cadenas generacionales.

TWAIN: A ver, a ver, ¿cómo es eso?

NIETZSCHE: Hablando del tiempo perdido, ¿dónde andará el chico Proust? Hace días que no entra.

WILDE: Es fácil. Miren, aquello de “ayer todo era mejor”, ha sido sin excepción el prejuicio del viejo; pero representa, generalmente, una nueva libertad de la sociedad, fraguándose; no comprendida, en su momento, por los padres o abuelos, al aferrarse a lo conocido, a lo que a ellos les funcionaba, les era práctico. Digamos, la desconfianza normal ante lo nuevo.

TWAIN: Proust ha de andar deprimido, Fred. Ya sabes, esa eterna nostalgia que le entra por la casa de su tata. Niñerías.

TWAIN: Oscar, ¿y?

NIETZSCHE: No has llegado a nada, Oscar, con eso del paradigma generacional.

WILDE: Gracias por su interés. Espero expresarme bien: en estos días tan extraños, decadentes, el asunto de la incomprensión hacia los jóvenes entra en tela de juicio ante un nuevo ingrediente: la más legítima vulgaridad, sin parangón. Me atrevería a decir que hasta el desconocimiento de la belleza.
(A Fedor Dostoievski le gusta esto).

TWAIN: Mira que no andas perdido, Oscar. Conozco a uno que otro muchachito que repudia a su propia generación, ¿eh? Lo que les ha tocado vivir.

NIETZSCHE: Muy cierto. Aunque yo me ufano de despreciar todos los tiempos, incluyendo el futuro más remoto.

WILDE: ¡Eso! Menosprecian, subestiman lo de ellos mismos, en actitud pasiva y nula manera de expresarse o remediarlo. Sobre todo en la música, que se encuentra en su nivel más bajo de que se tenga memoria. Es tan triste.   L

NIETZSCHE: Oscar, aludes a un simple apasionamiento social que llega a su fin; pero vendrá otro, y otro, por los siglos de las siglas que les impongan los del Poder.

TWAIN: Tradúcete, hazme el favor, soberbio Zaratustra.

NIETZSCHE: Con mucho gusto. Cuando un fanatismo decae, es porque se acerca a su periodo romántico: el culto de las masas a lo vano del concepto original; haya sido para bien o para mal dicho arrebato.

WILDE: Sin el mínimo estilo, que es lo que más duele. Además, en el arte, la estética siempre debe estar antes, por encima, envolviendo, dándole matices al propio estilo. Creando magia, no fantasía barata.

NIETZSCHE: En un siglo, a nadie le importará nada de lo poco que pasa hoy. Caldo de cultivo perfecto para dar paso a la originalidad.

TWAIN: ¿En qué basas tu teoría, Fred? Mira que hoy andas más espeso que de costumbre… A mí me suena schopenhaueriana.

NIETZSCHE: Me baso en la simple naturaleza humanoide, que necesita de la armonía para subir un mísero peldaño en cada época. Aunque luego baje dos, la semilla del adelanto queda a buen resguardo en la memoria colectiva. ¿Comprenden? El hombre tarda tanto en darse cuenta de sus errores más elementales, que se los hereda cínico, desvergonzado a su descendencia.
(A Sigmund Freud le gusta esto).

WILDE: Si te animas a tener un hijo, Fred, un tataranieto tuyo verá eso que dices del adelanto acumulado en la memoria colectiva. (Recuerda que hoy día hay viagra).   J

TWAIN: ¿Imaginan una era en donde los niños no tengan que ir a la escuela para “ser aptos”?

WILDE: ¡El sueño de tu Huckleberry, Mark! Y que las universidades del mundo no “otorguen” más títulos para serlo. ¡Me gustó!

NIETZSCHE: Una era donde la música vuelva a ser música. (En lo personal, hasta me comprometería a perdonar a Wagner).
(A Richard Wagner le gusta esto).

TWAIN: La moda sería la individualidad; aunque mi idea te frustre un poco, querido Oscar. Je, je, je.

WILDE: Muy gracioso tu comentario, Mark.   L

NIETZSCHE: Si a esas vamos, sugiero que las teorías socio-económicas dieran paso al Auto-Control (ahhh… qué hermosa utopía). ¡Mi Superhombre!

WILDE: Lo verán los nietos de tus tataranietos, Fred. Si es que te animas con alguna alemana.   J

NIETZSCHE: Recuerda que siempre he pensado que “hijo de genio, idiota”.

WILDE: Modesto el muchacho.

NIETZSCHE: ¿Es pedir demasiado, por ejemplo, que se interprete de lo más cursi, sentir orgullo, apego a un territorio? ¡Sobre todo mis paisanos tan decadentes! ¡Lo que hace falta es definición personal! ¡Ése es mi Superhombre! Pero me han malinterpretado tanto.

WILDE: Bueeeno, entonces al carajo tus alemanes y mis irlandeses, de paso.

TWAIN: Una era sin monumentos a todos esos “héroes” en entredicho. Ninguna calle ni ciudad con sus nombres.

WILDE: Mmmmm… perdónenme pero ya me duelen los dedos índices de tanto teclear.

NIETZSCHE: Una era sin ninguno de nosotros.

WILDE: ¡Me gustó otra vez! ¡A la mierda todos, señores, que para eso nacimos! Ahí queda nuestra literatura. Cuando llegue el momento de esa originalidad renovada, Fred, que el mundo nos juzgue. (¿A alguien le dolió el orgullo?).

TWAIN: Una era sin publicidad, por favor. ¡En la noche ya no puedo escuchar el rumor de mi Misisipi, de tanto ruido superfluo alrededor! En lugar de las estrellas, se reflejan en él anuncios luminosos hasta el confín.

NIETZSCHE: Si no quieres publicidad, Mark, habría que terminar también con las olimpiadas, y los mundiales de fútbol.

WILDE: ¿Sin fútbol? ¿No es muy drástico, Fred? ¡Sin el Chelsea!   L

TWAIN: La competencia es necesaria para que el hombre común no se aburra demasiado.

WILDE: Hablando de fútbol, prefiero el recuerdo de Garrincha, a ese tal Ronaldo.

TWAIN: Recuerden que soy gringo; no estoy al tanto del soccer. Pero sí sé que hay un Ronaldo sudamericano y otro europeo, o algo así. ¿A cuál te refieres?

WILDE: Garrincha era espectacular. Ronaldo es un vulgar espectacularoso en la cancha; perdonando el término.

WILDE: Cuando digo espectacular me refiero a un solo tono –ahora que hablábamos de música-. Así debe funcionar el fútbol, que suele ser arte cuando hace a un lado la petulancia complacida. Detesto a esos artistas con rostro de Monna Lisa embarazada, delatando el dominio de que son objeto por parte de su soberbia.

NIETZSCHE: Regreso en un minuto…

TWAIN: Si tú lo dices, Oscar.

WILDE: Respecto a lo que escribí del rompimiento generacional, creo que el hecho de revelarse contra lo establecido, en cualquier aspecto de la vida, no tiene el menor significado si el compromiso adolece del mínimo sentido artístico intrínseco.

WILDE: Me refiero al Ronaldo europeo, portugués, para ser preciso, Mark.

TWAIN: Competencia sin publicidad ni propaganda. Eso quise decir.

WILDE: Creo que ya estamos desvariando… ¡No te duermas, Fred!   J

NIETZSCHE: ¡Aquí estoy, niños! ¿Qué ya no puede uno ir al baño con calma?

NIETZSCHE: Oscar, tu Ronaldo representa a la nada actual: lo ordinario; la negación consciente de la belleza, como decíamos, al hacerle falta a él y a todos los jugadores la pausa. ¡La pausa! ¡El detalle! Eso que una simple máquina nunca tendrá. Lo que he dicho se traslada a cualquier ámbito.

WILDE: “¿Decíamos?”

NIETZSCHE: Eres un vanidoso. Está bien, lo que descubriste, ·?(=%”$&*/(Ç/%``··.

WILDE: Ronaldo y compañía, visceralmente venden.

TWAIN: ¿Y tú no vendes, Oscar? Todos los hacemos.

WILDE: No seas ingenuo, Mark. Aunque no me extraña que, siendo estadounidense, te cueste un poco entenderlo. Voy a tener que pedirle a mi Fantasma de Canterville que te lo explique.

NIETZSCHE: Me aburren. Voy a dormir. ¡Cómo me desvelan ustedes!

NIETZSCHE: Hay que titular la charla de hoy. Apúrense.

WILDE: Propongo: “Contaban las abuelas del año 2515, que sus propias madres les decían, que los ancestros de éstas llegaron a escuchar, en voz de una que otra muchacha, aburrida, esta misma noche en que nos estamos despidiendo, acerca de una época en que la nada tuvo curso legal”.
(A Sigmund Freud le gusta esto).

NIETZSCHE: Dije título, no prólogo, mentecato.

WILDE: Qué poco humor sigues teniendo, Fred.   L

TWAIN: Oscar no deja de tener razón. Hay una especie de historia abstracta que se encarga de analizar el meollo, el secreto entrelineado de la historia escrita.

NIETZSCHE: Siempre ha existido, Mark. La historia escrita es una espiral cíclica. En cambio, la interpretación histórica es mucho más lenta que el propio tiempo, pero avanza en línea recta, certera.

WILDE: Es la vertiente del avance, del peldaño que hacías mención, Fred.

TWAIN: El mundo se mueve para bien, amigos; a pesar de mi Obama y su repetición decadente.

WILDE: El arte del 2515 será el de una que otra realidad cuajada hoy, más las que se acumulen hasta entonces.

NIETZSCHE: Esas peculiaridades de la belleza no descubiertas aún.

WILDE: ¡Oooh! ¡Grande, Fred! ¿La escribiste?   J

NIETZSCHE: Sí, tomé nota; junto con esto otro que te voy a escribir (estoy tentado a incluirlo en mi Ecce Homo, ahora que saldrá la primera versión del libro, revisada por mí): “Toda abstracción perfecta, toda perfección abstracta, es arte. Pero no son lo mismo. Es más, a veces resultan contrarias”.

TWAIN: Más despacio, Fred, por favor.

WILDE: ¡Beso, Fred! Con todo y tu asqueroso bigote.

NIETZSCHE: Guarda tu beso, por favor. Déjame continuar: “Si una abstracción perfecta y una perfección abstracta caen en el rublo de lo artístico, a pesar de sus mutuas diferencias, permítanme jugar un poco; porque así las cosas, las matemáticas abstractas –por poner otro ejemplo, el tiempo inmaterial que, según los de la NASA, nos tardaríamos en llegar al sol, medido en años luz- representan el arte del equilibrio ideal.
(A Oscar Wilde le gusta esto).

WILDE: ¡Clap, Clap, Clap! ¡Uffff! El filósofo galanteando con la física.

NIETZSCHE: Perdonen la falta de sinónimos básicos. Estoy muy cansado.

TWAIN: ¿Alguien de ustedes visita al siquiatra? Je, je, je.

NIETZSCHE: Yo. Sólo por complacer a mi pobre hermana. Debo confesar que ha sido un rotundo fracaso para él.

WILDE: Los siquiatras deberían pedirle a sus clientes el facebook. Ahí ellos pueden averiguar tanto, en relación con el qué, cómo, cuándo, dónde viven, desean, proyectan, niegan, se esconden, piden perdón…

NIETZSCHE: Te faltó “se pierden”.

TWAIN: ¿Cómo está el clima en Londres; y en tu bosque, Fred?

WILDE: Recibe mi más cordial disculpa, buen Mark, pero no te puedo dar el mínimo informe meteorológico. La neblina me impide una “respuesta clara”.   L

NIETZSCHE: Esta chimenea no me calienta los malditos huesos. Hasta mañana.

TWAIN: ¡Puta me dejan solo! Acá amanece, madrugadores. ¿Con quién voy a conversar ahora?

WILDE: No te confundas, Mark. Fred y yo somos trasnochadores. Subí fotos, por si las quieren ver.

NIETZSCHE: ¡Necesito opio!

WILDE: Mark, al rato entra Melville, para que sigas el hilo con él. También me muero de sueño. Él está escribiendo una novela sobre cierta ballena blanca, creo que se llama Moby Dick, o algo así; pero no da con el final. Proponle que el pescadito encalla en tu Misisipi y ¡zaz!

TWAIN: No te la pasas mal, por lo que veo, Oscar. ¿De quién es el brazo que aparece en todas tus fotos? Je, je, je.

WILDE: Felices sueños de abstinente inmortalidad, Fred.   J

NIETZSCHE: Vete a la mierda. No olvides mirarte en el espejo de tu Dorian, petulante.

TWAIN: Se me olvidaba. Una French Poodle tuvo cachorros a orilla del río. ¿Quieren adoptar? Se los mando por barco, es más barato.

NIETZSCHE: ¿Saben qué pasó con Freud? No están para saberlo, pero es mi siquiatra secreto, en línea. Está practicando conmigo no sé qué teoría rara. Me gusta su trabajo, pero fui un poco severo con él la última vez. Necesito pedirle perdón.

WILDE: No lo sé Fred. “Freud y Fred”, vaya.   J. Salúdamelo. Nunca he conversado con él, pero es bueno el tipo en lo que hace. He leído su trabajo. También le dejo saludos a Whitman. Tenemos que aclarar él y yo algo respecto a la caballerosidad.

WILDE: ¡Ah!, si entra Proust le doy tu recado, Fred.

TWAIN: Entendí, me voy con mi French a otro lado. Chau.

WILDE: Chau Mark. Ah, Fred, ha mejorado mucho tu inglés. Te felicito.

NIETZSCHE: Chau, miserables. Ya me los encontraré por ahí. Si escriben algo nuevo me lo envían al correo, para destrozárselos.
(A Arthur Rimbaud le gusta esto).

WILDE: J




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Antes de apagar el computador, Oscar Wilde se dio el tiempo de aceptar siete solicitudes más de amistad. Ahora sólo le faltan novecientas ochenta y cuatro; la mayoría de movimientos alternativo-repetitivos sin la menor importancia. Cosas como “Green Peace te Necesita”, “El Reino Unido Jamás será Vencido”, “Apóyame, Estoy Orgulloso de mi Hijo Gay” o “No Importa dónde Naces, sino dónde te Haces: ¡El Blues es Británico! Vota” y demás peculiaridades que le tienen sin cuidado.
Nunca lee un solo mensaje, ni las sugerencias de páginas, encuentros, enlaces, eventos, etc.
Eso sí, le encanta ver fotos. Se puede pasar horas burlándose de las vivencias, deseos, proyecciones –si Scotland Yard supiera del escondite preferido del Príncipe Carlos...
Al igual que Nietzsche y Twain, no le interesa crear grupos o temas por el estilo. Nietzsche tiene setecientas once solicitudes de amistad que esperarán en larga incertidumbre. Twain, quinientas sesenta.
Les gusta pasarla bien en su cofradía internauta, junto con algún otro colega que a veces los acompaña; sin esperar nada a cambio. Tan sólo el exquisito placer de la incomprensión compartida.
Como dijo Schopenhauer, el abuelo de todos ellos: “La soledad es la suerte de todos los espíritus superiores”.